LLa literatura colombiana bajo la lupa del régimen franquista con sus los censores numéricos bloquearon la difusión internacional de ésta, y con ello, el reconocimiento de sus autores más allá de las fronteras latinoamericanas. Hoy puede ser irrisorio pero en su tiempo fue un crimen contra la libre expresión literaria y la libre escogencia de los potenciales lectores ibéricos.
Existen los informes de los fastidiosos lectores franquistas, los famosos censores sin nombre tan solo con un número de firma.
Colombian literature under scrutiny of the Franco regime withnumerical censors blocked the international diffusion of this, andwith it the recognition of their authority beyond the borders of Latin America. Today may be laughable but for the time it was a crimeagainst free expression and free choice literary potential readersof Iberians.
There are reports of annoying readers Francoist censors without a name famous with just one signature number.
Colombian literature under scrutiny of the Franco regime withnumerical censors blocked the international diffusion of this, andwith it the recognition of their authority beyond the borders of Latin America. Today may be laughable but for the time it was a crimeagainst free expression and free choice literary potential readersof Iberians.
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El otrora "generalísimo Franco" |
Álvaro Mtuis |
TINTERILLOS CON TIJERAS:

¿Ataca a la moral?, ¿a
Ni siquiera los clásicos se salvaron de la purga falangista. Desde Shakespeare hasta Nietzsche, pasando por Alejandro Dumas y Emilio Salgari, se vieron reescritos, mutilados o incluso prohibidos durante la España del Generalísimo. Los escritores del boom latinoamericano figuran ampliamente en los archivos franquistas. Miguel Ángel Asturias tenía “un tono antiimperio” y los libros de Julio Cortázar derivan “hacia el panfleto subversivo”. El siglo de las luces de Alejo Carpentier resultaba “insultante contra Dios y contra la Santísima Virgen ”. Otras veces el problema era más de forma que de contenido: La traición de Rita Hayworth de Manuel Puig era un “cubo de basura” escrito con estilo “sosísimo e insoportable” que podría haber sido redactado por “un niño de ingreso de bachillerato”.
Tampoco superaron el corte El túnel de Ernesto Sábato, Conversación enLa Catedral de Mario Vargas Llosa, ni Tres tristes tigres de Guillermo Cabrera Infante.
Tampoco superaron el corte El túnel de Ernesto Sábato, Conversación en
Había varios finales posibles para un libro. Las obras juzgadas inadmisibles eran denegadas, sin que se dieran mayores explicaciones. Si contaban con suerte podían ser publicadas, según una gama de respuestas positivas que iba desde “autorizada” hasta “tolerada” o “no impugnable”. Con frecuencia se pedía suprimir algún pasaje o cambiar una palabra, en cuyo caso se aplazaba el depósito legal hasta que la editorial presentara una versión corregida. Uno de los destinos más curiosos era el “silencio administrativo”, un limbo burocrático en el que la editorial nunca recibía una respuesta oficial pero tampoco una prohibición. En estos casos el editor podía publicar el libro, asumiendo el riesgo de que los ejemplares fueran confiscados. Así pudo circular la Summa de Maqroll de Álvaro Mutis, inconveniente a los ojos del lector 12 por versos como: “mujeres que alzan sus vestidos / para gemir con su sexo desnudo / y la luz de sus nalgas / la eficacia de la conquista”.
LOS FAVORITOS Y LOS CONDENADOS DEL RÉGIMEN:
Algunos escritores colombianos generaron el rechazo rotundo de la censura franquista. Entre ellos estuvo el poeta nadaísta Gonzalo Arango, quien “ataca a la Iglesia , al Estado, el Ejército, la Justicia y a todo lo que supone autoridad o poder, jerarquía u orden”. La conclusión sobre su poesía fue implacable: “nada escapa al afán demoledor e iconoclasta, subversivo y anarquista de este escritor, evidentemente hispanoamericano”. También el poeta Jorge Gaitán Durán cayó en desgracia con el régimen por escribir “informaciones peligrosas para la moral y las buenas costumbres” y por “atacar a la familia y a los fundamentos del Estado”.
Portada Libro La Marquesa de Yolombó |
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Libro El Cristo de espaldas |
Superaron la censura sin problemas varias novelas de Manuel Zapata Olivella, de Manuel Mejía Vallejo y de José Antonio Osorio Lizarazo, así como casi todos los libros del historiador Germán Arciniegas. También tuvieron fortuna poetas como José Asunción Silva, Guillermo Valencia y Eduardo Cote Lamus, mientras que otros como León de Greiff, Aurelio Arturo o Porfirio Barba Jacob nunca fueron llevados a la “madre patria”.
EL PARADOGICO CASO DE GABO:
Los grandes escritores del boom como Cortázar y Cabrera Infante tuvieron muchos problemas con la censura, pero curiosamente a Gabriel García Márquez lo perdonaron los lápices rojos. La mala hora fue aprobada sin problemas pese a la “abundancia de situaciones pícaras y palabrotas que no vulneran la moral”. La cándida Eréndira pasó a pesar de sus “licencias de lenguaje sin mayor trascendencia”. Relato de un náufrago llamó la atención por criticar la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, pero terminó pasando. Y Los funerales de la Mamá Grande y El coronel no tiene quién le escriba tampoco sufrieron sobresaltos.
Tal vez ningún caso sea tan increíble como el de Cien años de soledad, que el lector no dudó en calificar como “muy buena”, un piropo poco común en los informes de censura. Para este, la obra maestra de García Márquez da “una idea, la más exacta posible, de la baja y media sociedad hispanoamericana, concretamente de la sociedad colombiana, con sus infidelidades matrimoniales, sus rencores familiares, sus trapicheos, sus aspiraciones, sus pequeños y ruidosos negocios, su elevada natalidad y mortalidad infantil, su hacinamiento doméstico…”. Y a pesar de que tiene “un ambiente en el que predomina la inmoralidad como cosa de todos los días y sin ulteriores preocupaciones éticas”, la novela se salva porque describe “situaciones inconvenientes sin aprobarlas ni condenarlas”.
Escritores del Boom literario latinoamericano |
A pesar de la opinión favorable, el guion quedó “condicionado” hasta que la productora escogiera un director y garantizara la supresión de las escenas de desnudos. Aun así, la película no vería la luz hasta los años ochenta, cuando fue filmada por el brasilero Ruy Guerra.
Bueno, hasta aquí por hoy seguimos en la próxima entrega pienso que les ha agradado conocer un poco de las antiguas censuras ibéricas hacia unas grandes mentes creativas pero eso a la larga no los detuvo para demostrar sus ilimitadas imaginaciones y hacer volar por esos mundos a aquellos que nos gusta leer.
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