lunes, 28 de noviembre de 2016

¿Qué es el Hygge?

LOS DANESES DECLARAN SER FELICES POR EL HYGGE,
PERO ¿QUÉ ES EL HYGGE?

Las personas que viven en Dinamarca son más felices que las de cualquier otro país. ¿Por qué? Podemos responder a esta pregunta con una palabra: “Hygge”. Esta es una palabra que no tiene traducción al español, pero Hygge se relaciona con el bienestar personal, con el compartir momentos con los seres queridos y con disfrutar del hogar.

¿A quién no le gusta quedarse en casa cuando hace frío compartiendo un café con la pareja o los hijos o leyendo un libro mientras tenemos a mano una buena taza de chocolate caliente? Sería algo monótono si lo repitiéramos todos los días, pero repetirlo con cierta asiduidad puede acercarnos, sin duda, a la felicidad.


Quizás digas que ahora mucho frío, la verdad, no hace. Pero, puedes cambiar la manta y el sofá por esa terracita o por ese paseo en el que valen más las palabras y la compañía que los pasos. De una forma o de otra, estoy segura de que has entendido la idea y que se te ocurren mil formas de poner esta palabra danesa tan original en tu vida.

SENTIRSE BIEN Y CÓMODO PARA ESTAR FELIZ.-

Cuando se le pregunta a los habitantes de Dinamarca sobre su definición de “Hygge” (una palabra local que no tiene traducción a ningún idioma) ellos dicen que se trata de aquello que les hace felices. Hygge es más bien una actitud o un estilo de vida, es buscar el lugar más acogedor de la casa, pasar tiempo con los seres queridos y dejar de lado las obligaciones. Esa es la “clave” para que este país escandinavo sea considerado como el mejor para vivir, aún con las condiciones climáticas tan adversas que posee en invierno.


Durante los meses de mucho frío, los daneses pasan casi todo el día en sus casas (sólo hay 4 horas de luz diaria) y por ello le dan tanta importancia a la decoración del hogar, a la comodidad de los muebles y a los espacios en las habitaciones. También prestan vital atención a las actividades que se desarrollan en el interior del hogar: leer, ver una película, charlar, cocinar, jugar, aprender… y sobre todo compartir en familia.

LUGARES ÍNTIMOS, FELICIDAD ASEGURADA.-

El estilo minimalista no está “permitido” en Dinamarca. En realidad no es elegido porque reduce ese sentimiento de comodidad o de sentirse protegidos y abrigados. Por ello, para la decoración emplean colores cálidos como el naranja o el rojo, compran muebles de maderas gruesas y accesorios u objetos que les sean útiles.

La intimidad de los espacios o ambientes también está relacionada a la iluminación. Aunque sea de noche muchas horas al día ellos prefieren utilizar velas o lámparas tenues, así como el fuego para calentarse o dar luz a la sala. Nada de bombillas blancas o demasiado potentes.

Otro párrafo aparte merecen las telas que se escogen, no solo para la ropa, sino también para las alfombras, las cortinas o los cobertores de camas y sofás. Son gruesas, de colores tierra y les reconfortan.

Para los daneses todo ello constituye su definición de felicidad. Y no es conformarse con quedarse en casa… es disfrutar del hogar cuando no hay posibilidad de salir a la calle. ¡O incluso cuando el clima si lo permite!

¿TODOS PODEMOS DISFRUTAR DEL CONCEPTO DE “HYGGE”?.-

Este “modelo de felicidad danés” ya ha sido exportado a otras partes del mundo. ¿Por qué? Porque incluso en ciudades alejadas del frío se han dado cuenta de que pasar momentos en casa con la familia y los amigos, bebiendo un café, un helado o una cerveza y haciendo algo que nos gusta es realmente reconfortante.

Algo a tener en cuenta es que “Hygge” no solo está relacionado al invierno, aunque en Dinamarca sea tan largo. También se puede implementar en los cálidos meses del verano y en cualquier parte. ¿Por qué? Porque se trata de una manera de vivir y de sentirse bien y no tiene que ver con el clima, aunque de alguna manera parta de él.

En el libro “El año que vivimos a lo danés” de Helen Russell se detalla la experiencia de un extranjero disfrutando de este término. La autora afirma que Hygge se trata de ser buenos con nosotros mismos, de no negarnos “los gustos”, de no castigarnos, de buscar esos momentos de felicidad que están en las cosas más pequeñas: un trozo de chocolate, un capítulo de tu serie favorita, un libro que te encante, un poco de música y el calor de un abrazo.

Si nos detuviésemos a pensar en estas “nimiedades”
nos daríamos cuenta de que realmente
son las que nos hacen sentir bien y estar felices. 
Todo lo demás es accesorio y mundanal:
la verdadera sensación de bienestar
no se encuentra en un vestidor repleto
 o en un coche último modelo,
sino en compartir nuestro tiempo
 con los seres que amamos
 y las actividades que nos reconfortan.
 ¡Eso es vivir Hygge!






sábado, 4 de julio de 2015

La chica del tren, qué será lo que ve?????????

Nadie tiene la fórmula perfecta para conseguir un best seller. En este caso, el misterio, la inseguridad en sí mismo, la paranoia, el voyerismo, la soledad y un crimen fueron los elementos que Paula Hawkins logró combinar para conquistar a millones de personas alrededor del mundo.


Con su nueva novela, La chica del tren (Ed. Planeta) arrasó en los mercados anglosajones –lleva casi 20 semanas punteando las ventas en Estados Unidos y Reino Unido–, y la ola está llegando a otros países. Esta semana se ubicó en el primer lugar en ventas en Portugal y en el segundo de Franca y España. Ya está en 30 países, entre ellos Colombia, donde ya promete una avalancha de lectores. 


Los records comerciales que ha roto son múltiples. En el tiempo que lleva en el mercado ya ha superado en ventas a El código Da Vinci y El símbolo perdido, de Dan Brown, los libros de Harry Potter y J. K. Rowling. 

Ella misma no reconoce a qué se debe que tantos lectores no puedan soltarla. “Si supiera la razón del éxito que ha tenido esta novela la volvería a hacer mañana”, aseguró Hawkins en una rueda de prensa en Madrid, dentro de la gira de presentación, publicada en castellano por Planeta.Cinco millones de ejemplares vendidos en seis meses reflejan el éxito cosechado por la escritora Paula Hawkins (nacida en Zimbabwe en 1972 y criada en Londres) con La chica del tren, una novela de intriga psicológica que parte de una “ventana indiscreta” desde un tren, en el que la autora reconoce claras influencias de aquella película de Hitchcock.

Periodista de profesión (se desempeñó como redactora económica en el diario The Times de Londres), Hawkins recibió el encargo de escribir varias novelas románticas para mujeres con un pseudónimo, pero los fracasos vinieron uno tras otro. Ahora, esta novela la acaba de sacar de una complicada situación financiera y profesional por la que pasaba a sus 42 años.

La semilla de la historia surgió en su diario trayecto en tren su hacia el trabajo en Londres. Hawkins pesó qué pasaría si en alguna ocasión viera algo alarmante en esas casas cercanas a las vías, en las que se vislumbran por instantes las vidas de sus ocupantes. 

La autora incluyó ese y otro elemento: el de una mujer (Rachel, la protagonista de su novela), una cuarentona fracasada, que tiene cierto gusto por el vino y el gin tonic para desayunar, que está separada y viaja cada día a Londres para fingir que sigue trabajando. “Cuando junté ambas ideas vi que funcionaban muy bien”, indicó. A partir de ese pensamiento brotó la idea millonaria.

Instalada en la casa de una amiga, a la que no ha confesado que está desempleada, Rachel sube cada día en el tren hacia Londres para simular que va al trabajo y en su recorrido pasa muy cerca de su anterior domicilio donde ahora vive su expareja y de una casa en la que observa fugazmente la rutina de un joven matrimonio.

Un día, desde tren, cree haber visto algo extraño en un lugar que todos los días observaba. Queda  abrumada con la imagen, pero no sabe si puede ser cierta. La paranoia, el alcohol, y una memoria nebulosa disparan la trama de La chica del tren.

Los trenes recuerdan a Hawkins escenarios de novelas policíacas como las de Agatha Christie o Patricia Highsmith, unos espacios en los que los viajeros establecen a veces “relaciones peculiares con extraños”.

“Amo las atmósferas que crean Christie y Highsmith”, señaló la escritora británica, que se ha mostrado muy orgullosa de que la puedan comparar con autoras como su compatriota Ruth Rendell.

Hawkins considera que muchos lectores se han podido identificar con el “impulso voyerista” de su protagonista, una mujer que, además, atraviesa una grave crisis después de que su expareja forma una familia con otra mujer.
La autora no esconde que los grandes thrillers británicos y americanos han influido mucho en su novela. En especial, Alfred Hitchcock, a quien admira y estima especialmente. La ventana indiscreta (en la imagen, su protagonista, James Steward) sería una de esas influencias “por el suspense, por la duda hacia uno mismo y la paranoia”, señaló.

A pesar del éxito obtenido por La chica del tren, Hawkins no se plantea por el momento una segunda parte de la novela aunque hay algunos personajes, dice, que le gustaría volver a utilizar.

En la actualidad, mientras se prepara la adaptación al cine de La chica del tren (ya Dreamworks compró los derechos), la autora se encuentra inmersa en la elaboración de otro libro de intriga psicológica protagonizado por dos hermanas que no se hablan desde hace mucho tiempo y en el que, dice, también habrá un misterio que resolver. 

domingo, 28 de junio de 2015

Los caballos de bronce han visto de nuevo la luz pero no la de Adolfo Hitler.....

A finales de mayo reaparecieron los caballos de bronce que por décadas adornaron la entrada a la Cancillería del Tercer Reich en Alemania. Las majestuosas piezas, esculpidas por el simpatizante nazi Josef Thorak, habían sido vistas por última vez en un campo de deportes de un cuartel militar soviético en 1986 y, desde entonces, se creía que habían sido destruidas durante el proceso de reunificación germana.

Cancillería en Berlìn, vista de uno de los caballos en bronce

Sin embargo, las alarmas se encendieron hace año y medio cuando en septiembre de 2013 una mujer alemana, que había sido informante de la Policía, reportó a las autoridades que un sospechoso consultor de arte le ofrecía Caballos en movimiento y otras preciadas piezas de la era nazi por valores superiores a los 3 millones de euros. Para identificar su paradero, la Policía berlinesa acudió al reconocido detective Arthur Brand, dedicado exclusivamente a desmantelar redes de tráfico de arte, quien en 2014 desató un escándalo mediático al revelar que la reina Juliana, de los Países Bajos, habría comprado obras arrebatadas por los nazis a los judíos.
Ejercito ruso en Berlin

Brand, haciéndose pasar por un ambicioso coleccionista norteamericano de apellido Moss, contactó a los traficantes denunciados por la mujer y resolvió el misterio de los caballos de manera novelesca. Luego de meses de llamadas telefónicas y medidos intercambios de correos con los sospechosos, en el sótano de la imponente propiedad de un hombre de negocios alemán, ubicada en la ciudad de Bad Dürkheim, encontraron los equinos de bronce y cinco obras más –dos figuras femeninas, dos masculinas y un monumental relieve en granito– que en noviembre de 1943, luego del tercer gran bombardeo de los británicos sobre Berlín, habían sido resguardadas por orden del führer en la vecina región de Oderbruch. En la casa de un coleccionista en Kiel, al norte del país, también logró recuperarse una obra aparentemente original del escultor predilecto de Hitler, Arno Breker, llamada El Ejército.

Ahora los ocho sospechosos que arrojó la investigación de Brand, cuyas edades fluctúan entre los 64 y 79 años, están detenidos. Las piezas, que en algún momento fueron cruciales para el ambicioso sueño hitleriano de refundar Berlín y convertirla en la capital del mundo bajo el nombre de ‘Germania’, reposan en un depósito policial mientras culmina la investigación y, legalmente, pertenecen al gobierno alemán.

Comprarlas o venderlas es ilegal pero su destino es todavía más incierto; si bien muchos museos añorarían exhibirlas como documento histórico, hacerlo tocaría fibras sensibles, las víctimas podrían argumentar que están siendo revictimizadas u otros simplemente se abstendrían de tener bienes del führer para evitar tensiones políticas. ¿Qué hacer entonces con el arte nazi? ¿Es insultante exhibirlo? ¿Debería ser destruido?

Esconder las obras incautadas sería un grave error, ya que lo problemático del asunto no son las piezas sino el contexto en que se expongan. “Sería deseable que los museos alemanes que muestren estas obras (si es que hay espacio de exhibición en los atestados museos de ese país), las sitúen en una curaduría crítica, en su debido contexto histórico y político, una curaduría que proponga una reflexión sobre la memoria y las formas en que el arte puede ser capturado por el establecimiento más radical”, Destruirlas, equivaldría a caer en el mismo juego de Hitler cuando a finales de los años treinta ordenó quemar varias obras expresionistas y abstractas, muchas de artistas judíos, por considerarlas arte “degenerado”.

Cualquier obra de arte u objeto patrimonial vinculado a hechos violentos es susceptible a varias interpretaciones, por lo que todo depende del contexto en que sea exhibido. A modo de ver, interpretar las piezas encontradas como el componente iconográfico del proyecto imperialista nazi, y específicamente del plan arquitectónico de ‘Germania’, es solo una manera de hacerlo: “Dentro de la historia del arte podrían ser vistas de una manera, desde la perspectiva económica de otra, desde la historia artística de otra, e incluso uno podría decir que sería muy interesante verlas en una exposición de arte y propaganda ideológica”.

Así mismo, sobre la posible revictimización de las comunidades violentadas por el régimen nazi, una sociedad como la alemana va a ser muy difícil que alguien lea, interprete y exponga esas piezas de tal forma que revictimice o violente a las comunidades afectadas, principalmente por el contexto político, jurídico y de sanción social que se ha tejido a nivel mundial en torno al tema. Si eventualmente eso llegara a ocurrir, la crítica sería tan contundente que la exhibición jamás saldría al público.

Sin duda, el valor histórico de estas piezas y el interés artístico que despiertan son innegables. El reto está, entonces, en decidir qué hacer con ellas, ya que  “Alemania, un país que se precia de pertenecer a la tradición intelectual más liberal de Occidente, no puede permitirse destruir u ocultar ningún objeto con valor cultural por más oscuro que sea su pasado”.


Y hablando de arte, a los dos grandes protagonistas de la Segunda Guerra Mundial les gustaba pintar. Setenta años después, los cuadros del vencedor se venden diez veces más caros que los del perdedor.

La semana pasada se subastaron en Alemania 14 acuarelas y dibujos pintados por Adolf Hitler en su juventud, cuando soñaba con estudiar en la prestigiosa Academia de Bellas Artes de Viena. De acuerdo con la información publicada por la agencia Deutsche-Presse las obras se vendieron por 440.000 dólares, una cifra bastante baja si se tienen en cuenta los exorbitantes precios que se manejan en el mercado del arte.
Castillo de Neuschwanstein pintado por la mano de A. Hitler
Una de las 14 acuarelas subastadas pintadas por Adolf Hitler

Mientras un comprador chino anónimo pagó 113.000 dólares por el cuadro más caro del führer, hace un par de meses Christie’s vendió Pescados en estanque en Chartwell de Winston Churchill –uno de los más importantes rivales de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial– por 3 millones de dólares. La diferencia de precios –explican los especialistas de esta casa de subastas– no se debe solo al papel histórico que cumplieron ambos personajes. Churchill pintaba mucho mejor que Hitler.
Otra de las 14 acuarelas efectuadas por Hitler

Los paisajes con aire impresionista del inglés son mucho más armoniosos que los del alemán, y la profundidad de la imagen carece de los errores de perspectiva en los que cae el führer. En varias ocasiones este último no supo pintar bien las líneas de una casa y, por consiguiente, el edificio parece descuadrado. Además, las acuarelas del alemán suelen ser bastante kitsch pues, en vez de capturar momentos de la vida cotidiana –como hacían por ejemplo los impresionistas por esos años–, el líder nazi se dedicaba a copiar postales viejas que encontraba por la calle.

Hitler llegó a Viena a comienzos del siglo XX con poco más que una caja de acuarelas y el deseo de convertirse en uno más de los prestigiosos artistas –entre ellos Gustav Klimt y sus discípulos Egon Schiele y Oskar Kokoschka– que por esa época imponían tendencia en la capital del imperio austrohúngaro y en el mundo. Pero Hitler nunca pudo hacer parte de la Belle Époque vienesa. La Academia de Bellas Artes le cerró sus puertas y tuvo que contentarse con vender sus acuarelas en la calle.


Churchill, en cambio, nunca aspiró a ser artista. Pintar era para él un pasatiempo al que le gustaba dedicarse en su tiempo libre y que lo relajaba. Como la Segunda Guerra Mundial le dejó poco tiempo para dedicarse a una de las actividades que más le gustaban, la mayoría de sus cuadros son de antes y después del conflicto.
Paisaje pintado en 1945 por Winston Churchill

Unos especialistas de arte han concluido que la habilidad del inglés y la mediocridad del alemán tienen mucho que ver con la personalidad de cada uno.

Hitler no pintaba bien el cuerpo humano porque carecía de compasión, dicen. Pero esta conclusión es errada. La destreza artística no está reservada a los hombres de bien. Lo que ocurre simplemente es que hay unas personas que pintan bien y otras que no. Además, en perspectiva es muy difícil ver los cuadros de estos dos hombres de manera objetiva.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

"El mayor terror de los talibanes ha resultado ser una niña armada con unos libros".

La gran figura mundial del combate en favor de la educación de las niñas, la adolescente paquistaní Malala Yusafzai, y un veterano activista de los derechos de los niños, el indio Kailash Satyarthi, recibieron este miércoles el premio Nobel de la Paz.


"Una joven y un hombre mucho mayor, una paquistaní y un indio, una musulmana y un hindú, ambos símbolos de lo que este mundo necesita: más unidad, fraternidad entre naciones"

Solamente tiene 17 años, pero la vida de Malala ya ha llenado libros enteros. Ha sido invitada a la Casa Blanca, al palacio de Buckingham o al estrado de la ONU, ha escrito su autobiografía y ha recibido múltiples recompensas.

Con el Nobel se convierte en la más joven galardonada de la Historia, y su historia particular no termina ahí. En el mundo 57,8 millones de menores sin escolarizar necesitan voces que los defiendan, en especial los 30,6 millones que son niñas.

"En este mundo en el que nos creemos tan modernos y desarrollados, ¿por qué hay tantos países donde los niños no piden un Ipad o un ordenador sino simplemente un libro o un bolígrafo?" dijo Malala el martes en una rueda de prensa en el Instituto Nobel de Oslo. La adolescente adquirió fama mundial por haber puesto su propia vida en juego. El 9 de octubre de 2012, los talibanes interceptaron su bus escolar en su valle natal de Swat y le dispararon en la cabeza, tras acusarla de profanar el islam.

Por primera vez desde el intento de asesinato, el uniforme escolar que llevaba cuando sucedió el atentado será expuesto, con las manchas de sangre, en el centro Nobel de Oslo esta semana. Dos compañeras de clase que también resultaron heridas en el atentado viajaron para asistir a la ceremonia de entrega del Nobel de la Paz, que como es habitual se celebra en el ayuntamiento de Oslo en presencia del rey Harald de Noruega.

Para demostrar que no es una voz aislada, Malala invitó a otras tres militantes de la causa de las niñas: una paquistaní que lucha desde hace ocho años para obtener justicia después de haber sido agredida sexualmente, una joven refugiada siria y una nigeriana de 17 años proveniente de una región asolada por el grupo islamista Boko Haram. Este grupo, cuyo nombre se traduce literalmente como 'la educación occidental es un pecado' conmocionó al planeta entero este año al secuestrar a 276 estudiantes.


"Desgraciadamente, esta gente que lucha contra la educación carecen ellos mismos de educación o han sido adoctrinados",
 expresó Malala,

que nunca ha dejado de vestir el tradicional velo.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Una tradición llena de luces, en Colombia la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen María sigue más firme que nunca

Quimbaya, Quindio.
Diciembre es uno de los meses más esperados del año. Y no es para menos, con el llegan las vacaciones, la prima salarial y posiblemente familiares y amigos que desde hace mucho tiempo no se veían, y por último se ha dejado lo esencial de la vida: el NACIMIENTO DE AQUEL NIÑO, que es la luz, que es la alegría y la esperanza. 

Este último mes del año trae consigo desde 1.854 la celebración católica de la Inmaculada Concepción de la Virgen María y por ende encender velas, lo cual, por lo general, se hace la noche del día siete víspera del día de la Virgen, esta costumbre en un principio religiosa es importante decir que se da sólo en Colombia y marca el inicio de las fiestas decembrinas. La fiesta tiene un origen sumamente religioso y su historia inicia en el año de 1.854 cuando el papa Pío IX, declaró el ocho de diciembre como el día de la Inmaculada Concepción de la Virgen María y miles de fieles encendieron velas y faroles como apoyo a esa decisión tomada por el Sumo Pontífice. 

De igual manera y de acuerdo con la religión católica, prender luces también es una manera de expresar y reafirmar la pureza de María.

Desde ese entonces y hasta ahora, la tradición sigue intacta y por eso niños, jóvenes y adultos se reúnen con sus familias para encender velas. 

Sin embargo, cada persona le da su toque a esta actividad. por ejemplo, están quienes fieles a su fe encienden las velas para darle la bienvenida a la Virgen María. Otros para pedir luz y cambio en sus corazones  y no se quedan atrás quienes lo hacen para agradecerle a Dios y a la vida la oportunidad de estar disfrutando una vez más, de esta fecha tan especial.
Salamina, Caldas.

Por eso no importa la edad ni el estrato social de donde sea la persona, lo que vale la pena es la fe y la alegría que se le pone a esta actividad.

En nuestro país es común que cada ciudad encienda las velas de un modo particular. En Bogotá, la capital, aunque se hacen actividades en diferentes lugares, para que las personas asistan y puedan compartir con los demás ciudadanos, el punto principal de encuentro es la Torre Colpatria, la cual, es adornada con muchas luces. 
Bogotá, Torre Colpatria

De igual modo, se prenden velas y en las ventanas y puertas de las casas se cuelgan faroles, y algunas personas aprovechan para ir a dar paseos por los centros comerciales, muesos y tiendas. 

Por su parte, en Medellín, "La ciudad de la eterna primavera", se aprovecha el día de las velitas para encender todas las luces navideñas que han sido instaladas en los sitos públicos más concurridos y que durante muchos años se han caracterizado por ser llamativos,  especialmente en la Avenida del Río y el 
sector conocido como La Playa.

Y por supuesto los paisas también se unen a la inauguración de las luces y encienden en sus casas, velas de todos los colores y faroles con diversos motivos. 
Río de Medellín

Una de las celebraciones más bonitas es tal vez la que se hace en Quimbaya, Quindio, pues la creatividad y la imaginación no se hacen esperar al momento de diseñar artesanalmente las velas y faroles que se encienden ese día.  

Santiago de Cali, la llamada "Sucursal del cielo", también se ilumina; sus habitantes aprovechan la noche del siete para darle la bienvenida al alumbrado de la ciudad y para adornar sus casas con hermosos faroles que en muchas ocasiones son fabricados por ellos mismos. 
Calle de Santiago de Cali

En otros lugares del pacífico colombiano como Buenaventura y Guapi que tienen cercanía a los ríos, se acostumbra a decorar con luces las pequeñas embarcaciones como pangas y canoas, las cuales en medio de la oscuridad de la noche ofrecen un hermoso espectáculo mientras navegan por el río, a la vista de los habitantes del lugar.

En este iluminado día, todas las regiones colombianas dicen presente y se visten de luces en todos sus rincones. 
Aunque esta tradición es colombiana, 
muchas personas nacidas en este país 
y que se encuentran por fuera no pierden la oportunidad de encender velas y seguir conservando
 esta bonita costumbre que une a las familias.