La historia de la Familia Romanov, vuelve a surgir en mi mente por que me llegaron unos escritos actuales que me hicieron volver sobre mis años de adolescencia cuando me interesó la gran Rusia y su historia, leía libros de los grandes autores Fedor Dostoyevski, Antón Chejóv, Maxim Gorki, Aleksandr Pushkin, Nikolái Gógol, Ayn Rand, Lev Vygotski, Boris Pasternak, Leonid Andréyev, Agnia Kuznetsova, Irene Nemerovsky, León Tolstoi, me leí cuatro veces la historia de Catalina la Grande y si que fue grande(Ahora el libro está en la biblioteca de mi hija, la cual, es una asidua lectora); descubrí por mi profesora Ruth de literatura del grado séptimo la historia de Nicolás y Alejandra con sus hijos; con decirles que busque por toda la ciudad donde aprender ruso pero tan solo encontré un centro donde iban los interesados en las ideas comunistas de la época y mi mamá me prohibió ir, iba a la biblioteca del colegio que era grande encontré uno que otro texto, mi mamá me compraba las revistas de national geographic, en algunos números leía partes de la historia, iba a la biblioteca departamental y así me la pasé; ya en la universidad encontré más retazos de la historia rusa pero para el año 1991 escuché sobre el hallazgo de una tumba, y las historia sobre la supervivencia de una de la grandes duquesas luego de muchos años me enteré de la otra tumba hallada y así pude darle fin con satisfacción a mi seguimiento sobre la historia y la literatura que sobrevive a esta familia. Tengo un ejemplar en ruso de Ekaterina Kuznetsova (Ekatepnha Ky3hepnha) pude practicar el idioma y muy increíblemente me documenté sobre la historia más emblemática de la Rusia zarista, de la Rusia que escondió por el régimen su propio pasado y que hoy da muestras al mundo de sus raíces.
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El Zar Nicolás II y su familia |
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La familia Romanov |
Nicolás II tenía una débil personalidad y no estaba preparado para su futuro puesto como Zar. Este hombre, quien solamente le inspiraba su tranquila vida familiar, se convirtió en la cabeza de un enorme estado lleno de cambios después de la muerte de su padre. El no tenía anticipado tal cambio en Rusia y siempre reaccionaba bajo presión de los eventos, demasiado tarde, o torpemente. Además, él era consciente del principio santo de su misión y que siempre defendería la monarquía cuando las concesiones fueran inevitables.
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La familia imperial rusa |
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Resto encontrados en 1991 |
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Las Grandes Duquesas: Olga, Tatiana, María y Anastasia |
Los soldados imperiales manejaron esta impresión nueve años después cuando abrieron fuego sobre un grupo de 120.000 trabajadores quienes habían marchado hacia el Palacio de invierno a protestar por las condiciones de los trabajos. Murieron miles de personas tiroteadas en esa masacre, por eso a ese domingo se le denomina Domingo rojo.
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Casa Ipatiev 1917 |
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Sótano donde fueron fusilados |
Los bolcheviques asesinaron a la familia real en la ciudad de Ekaterinburgo (Urales) en 1918.
Durante años se especuló que la Gran Duquesa Anastasia, una de las hijas de Nicolás, había sobrevivido a la revolución. Incluso una mujer llamada Anna Anderson alegaba que ella era Anastasia. Aunque mediante la técnica de análisis de ADN mitocondrial se descartó que esta mujer fuera la princesa.
CAPITILO ESENCIAL.-
Tumba del último zar de Rusia |
El Informe Yurovski añadía que una vez el humo de los disparos permitió ver el resultado de la ejecución con más claridad, se descubrió que algunas de las balas de los ejecutores se habían quedado incrustadas en los corsés de algunas de las Grandes Duquesas. Esto se debía a las joyas y piedras preciosas que las muchachas habían cosido dentro de sus ropas, para evitar que sus captores se las quitaran, involuntariamente les habían servido de armadura contra las balas. Yurovski escribió que Anastasia y María se acurrucaron contra una pared con las manos en la cabeza, antes de ser alcanzadas por los disparos. Sin embargo otro guardia, Piotr Yermakov, le explicó a su mujer que Anastasia había sido rematada a bayonetazos. Cuando llevaron los cuerpos fuera, una o más de una de las chicas empezaron a llorar, y fueron rematadas con golpes en la cabeza, según escribió Yurovski.
Al parecer, los verdugos tenían instrucciones de mutilar y esconder los cuerpos para que no pudieran ser reconocidos. «Algunos de los huesos estaban quemados», informe de la última investigación a finales del siglo XX a cargo del Instituto de Medicina Legal de Innsbruck (Austria), que ha estudiado los restos. «Las muestras estaban gravemente descompuestas y mostraban signos que pueden explicarse por agresión química» como ácido sulfúrico.
La ocultación de los cadáveres alimentó las especulaciones sobre la posible supervivencia y fuga del zarevich Alexis o alguna hija del zar. En 1991 se hizo público el hallazgo de una fosa en Eaterimburgo con restos que podían ser de la familia del zar. Los análisis genéticos demostraron entonces que se trataba de huesos y dientes de nueve personas: el zar Nicolás II, la zarina Alejandra, tres de sus hijas y los cuatro sirvientes. Lejos de apaciguar los rumores, el hallazgo alimentó nuevas especulaciones al no haberse encontrado a la cuarta hija del zar ni al zarevich Alexis.
En julio del 2007 se encontró una segunda fosa con más restos a unos 60 metros de la primera. Los análisis genéticos de estos nuevos restos son inequívocos. Según los resultados presentados en Plos One, se trata de huesos y dientes de dos personas. Una es un chico de entre 12 y 15 años con un cromosoma Y igual que el del zar Nicolás II y un ADN mitocondrial igual que el de la zarina Alejandra: sólo puede tratarse de su hijo, el zarevich Alexis, ejecutado a los 13 años. La otra persona es una chica de entre 15 y 19 años con un ADN mitocondrial igual al de la zarina y sus otras tres hijas halladas en 1991: tanto podría ser Anastasia —que tenía 17 años— como María — que tenía 19.
Para asegurarse de que los restos son efectivamente de la familia imperial rusa, los investigadores han cotejado el ADN mitocondrial de la zarina y sus hijos con los del duque de Edimburgo —consorte de la reina Isabel de Inglaterra— y han confirmado que coinciden. Han cotejado el cromosoma Y del zar y el zarevich con el de un descendiente vivo de la familia y han confirmado que también coinciden. Y han cotejado el ADN del zar con el de una mancha de sangre que quedó en la camisa que llevaba cuando fue atacado en Japón en 1891 y que fue conservada como reliquia: la coincidencia es total.
«Misterio resuelto: ningún miembro de la familia sobrevivió a la ejecución en la madrugada del 17 de julio de 1918».
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